Es importante mantener una actitud activa a nivel físico, social y mental durante toda la vida con el objeto de garantizar un buen desarrollo de las personas mayores y ampliar la esperanza de vida, su calidad y la salud. Tanto el funcionamiento del cuerpo humano, como el de la mente y las relaciones sociales, deben ser atendidas para no caer en el abandono y así asegurar el disfrute de una vejez saludable.

La Organización Mundial de la Salud recomienda la actividad física para prevenir muchos de los efectos negativos que tiene el envejecimiento sobre la capacidad funcional y la salud.

El sedentarismo no es buen aliado de las personas sanas y España está a la cabeza en Europa.  Se define al individuo sedentario aquel cuya actividad física habitual es inferior a 30 minutos al día de ejercicio y menos de 3 días a la semana. Muchas personas mayores sanas independientes llevan una vida muy sedentaria y, para cambiarlo y ser un mayor activo, no es necesario ir a  un gimnasio, sino que bastaría con realizar actividades físicas moderadas, como caminar a paso ligero durante treinta minutos diarios, subir y bajar las escaleras de casa o evitar tomar el autobús siempre que se pueda ir andando.

Las actividades físicas forman parte de la rutina diaria como andar, subir y bajar escaleras, hacer las tareas del hogar, ir a la compra, etc.; y casi todas las personas mayores pueden realizarlas. Lo bueno es que la mayoría de estas actividades, si se realizan de forma programada, se convierten en “ejercicio físico”.

Unido al ejercicio físico, las relaciones sociales y una nutrición correcta son decisivos para mantenerse saludable en el proceso de la vejez  ya que son antioxidantes naturales y la mejor terapia anti-envejecimiento. Una actividad física y ejercicio físico adecuados da a las articulaciones capacidad de movimiento, refuerza los músculos y ligamentos, aumenta la capacidad respiratoria y cardiaca, retrasando la aparición de fatiga.

El ejercicio físico regular ayuda a disipar las preocupaciones, mejorar el estado de ánimo y sacar el máximo partido al tiempo de ocio. Si la actividad se realiza de manera grupal contribuye a la socialización y evita el aislamiento. La actividad física siempre deberá adecuarse a la condición física de la persona mayor. Dependerá mucho si se trata un mayor físicamente independiente o dependientes (leve, moderado o muy dependiente)

La práctica regular de ejercicio físico contribuye a la prevención y tratamiento de numerosas enfermedades crónicas asociadas al envejecimiento (coronaria, hipertensión arterial, artrosis, osteoporosis, etc); mejora ciertos componentes de la forma física (reduce el peso total y graso, aumenta la fuerza muscular, mejora la resistencia cardiorrespiratoria); contribuye a un excelente estado de salud mental retrasando o compensando la invalidez o dependencia que pueden provocar estas enfermedades; mejora el sueño y produce una sensación de bienestar general; incrementa la capacidad para desarrollar tareas cotidianas sin cansancio.

Además del ejercicio físico, para los mayores es clave mantener activa la actividad intelectual para combatir el deterioro de la memoria porque el cerebro funciona como un músculo y, cuanto mayor es su uso y “entrenamiento”, más probabilidades hay de que su estado sea saludable durante más tiempo.

Algunas actividades que estimulan la mente y mejoran la calidad de vida son: el juego de las parejas, los juegos con palabras y con números, armar puzles y escribir un diario autobiográfico.

En resumen, es muy recomendable la práctica de actividad física, sea cual sea la condición y estado de salud del mayor, siempre que se adapte a la condición física de cada persona en función de su capacidad de ejercicio, de sus limitaciones y de los riesgos específicos para su salud y siempre bajo la supervisión de un profesional.

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