El 14 de Marzo de 2020 se declaró el estado de alarma y nuestras vidas cambiaron.
El Coronavirus llegó por sorpresa, entramos en un laberinto del que todavía no hemos conseguido salir, y a día de hoy seguimos inmersos en un estado de incertidumbre con graves consecuencias a nivel económico, psicológico y social.
El Covid no entiende de edad, sexo o condición social pero los datos son una evidencia de lo especialmente dañino que ha sido y está siendo con los más mayores que son el grupo de mayor riesgo y que más está acusando los efectos de la pandemia. El largo confinamiento y las medidas de prevención necesarias (distancia social y uso de mascarilla), para evitar la propagación del virus, han tenido un alto impacto sobre los más mayores a nivel físico-funcional, de movilidad, nutricional, relacional, de sueño y psicológico con repercusión directa sobre su estado de ánimo y bienestar.
El Imserso ha elaborado un informe que recoge el dato de 29.782 como el número de ancianos fallecidos por covid en residencias españolas desde el inicio de la pandemia. Es un dato escalofriante que no olvidaremos pero no debemos dejarnos vencer por el virus. Ahora toca mirar hacia delante con esperanza y optimismo pues los datos apuntan un descenso notable de los contagios y los fallecimientos en las últimas semanas como consecuencia del proceso de vacunación.
Esto indica que estamos cada vez más cerca de poder volver a abrazarnos y de vivir de manera natural la manera de querernos como hacíamos antes. Todos echamos de menos el contacto físico con nuestros familiares y amigos pero sin duda los que más acusan la ausencia de abrazos y cariño durante el último año son las personas mayores que, en muchos casos, viven solas o en residencias aislados de sus compañeros para reducir el riesgo de contagio.
Un abrazo es la mejor medicina, está demostrado que influyen en nuestra salud a nivel físico y emocional. A nivel físico mejora el sistema inmune, cuida nuestro corazón favoreciendo el ritmo cardíaco y favorece la oxigenación de los tejidos impidiendo el envejecimiento precoz. Y a nivel emocional los abrazos son altamente beneficiosos ya que reducen la preocupación, ayudan a calmar y a transmitir tranquilidad. Cuando abrazamos sentimos felicidad y eleva nuestra autoestima, todo ello debido a la producción de serotonina. Además, necesitamos dar y recibir abrazos constantemente porque equilibran nuestro sistema nervioso.
Las personas mayores son especialmente vulnerables a los cambios y acusan de manera notable la falta de cariño por lo que, en cuanto podamos démosles ración doble de abrazos, y así ayudaremos a curar las secuelas de la soledad y el aislamiento que ha dejado la pandemia sobre ellos.
Ahora más que nunca el modelo de cuidado en el hogar y la atención centrado en la persona es clave para que las personas de avanzada edad, con patologías o sin ellas, tengan una buena vejez.

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